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Página 1 de 12 (Extracto del nuevo libro por publicarse de Eduardo Figueroa)
La historia de María (PARTE I)
María caminaba en medio de la gente. Estaba nerviosa y sentía una sensación que nunca antes había experimentado. Todos la miraban al pasar. Ella se sentía emocionada, muy feliz; casi no lo podía creer.
Sus ojos mostraban alegría, éxito. Ella iba pensando: “¡Lo logré, lo logré!” Quería llorar de emoción. Mientras caminaba todos le aplaudían y le sonreían. Una persona le extendió la mano para ayudarle a subir los cinco escalones del estrado. Se volteó hacia la audiencia y se dio cuenta que todos estaban parados aplaudiéndole por el premio que iba a recibir. Todavía con un nudo en la garganta estaba escuchando las palabras de reconocimiento que el director de la empresa le dirigía a ella.
María tenía seis años trabajando para una empresa internacional, en donde se producía y vendía productos para otras industrias. Ella había logrado algunas promociones dentro del departamento de empaque, pero en el fondo ella no estaba satisfecha. María se daba cuenta de que las personas que trabajaban en ventas ganaban más dinero del que le pagaban a ella por su trabajo como supervisora. Ella pensaba: “debo darme la oportunidad de ser mejor, de ganar dinero”.
En alguna ocasión pasó por su mente el volverse vendedora; pero luego pensaba que a ella no le gustaba vender, que ella no servía para eso. Y de inmediato, se bajaba de su nube para volver a la realidad (por lo menos así era como ella lo expresaba)
María era una madre soltera con tres hermosos niños, (así los describía ella) Vivía con su madre, quien le ayudaba a cuidar a los niños mientras ella trabajaba. María sólo había estudiado hasta segundo grado de la secundaria, ya que tuvo que ayudar a cuidar a sus hermanos cuando ella tenía 14 años de edad. A ella le gustaba platicar con todo mundo, se llevaba bien con todos y, además, le fascinaba vender productos entre sus amigas y vecinas para ganar un poco de dinero extra.
Juana, una de sus compañeras de trabajo, quien, además, era su amiga, le decía que comenzara su propio negocio, vendiendo productos o que se volviera distribuidora independiente de una empresa de multinivel, que ella sería muy buena en eso. La respuesta de María era siempre la misma: “¿Quién va a querer una vendedora gorda y que no habla bien el inglés?, Tú sabes que ellos requieren hablar algo de inglés”, y agregaba, “además, no sé nada de ventas o de distribución de productos o servicios”. Juana, quien la quería mucho, le decía: “Bueno entonces pregunta y aprende lo que se necesite, además si tú crees que necesitas aprender o mejorar tu inglés, entonces hazlo, toma algunas clases y practica con tus hermanos quienes ya hablan inglés. No me pongas más pretextos”.
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